Andando
La vida me pide paciencia
y, al mismo tiempo,
que no espere más.
Entonces avanzo
sin saber si voy lento
o demasiado rápido.
Pienso para no arrepentirme,
pero no tanto
como para llegar tarde.
Persigo una zanahoria
que yo mismo puse delante,
mientras un carro lleno de zapallos
se acomoda como puede.
Quizás vivir sea eso:
seguir andando
sin tener todo resuelto
y recordar, de vez en cuando,
mirar el camino.
El momento exacto no existe
Últimamente siento que la vida me pide dos cosas opuestas: paciencia y acción.
Que espere.
Que no me apure.
Pero también que deje de pensar tanto y empiece.
Vivo en esa tensión: avanzar sin atropellar, mostrarme genuino sin decir de más, pensar antes de actuar sin llegar tarde a mi propia vida.
Quizás el problema sea buscar el momento ideal, como si existiera un instante perfecto para decidir, hablar o cambiar.
No existe.
Solo hay momentos posibles, siempre un poco incompletos.
También perseguimos la felicidad como una zanahoria atada delante de nosotros. Nos da dirección, deseo y velocidad. Pero a veces, por mirar tanto lo que falta, no vemos lo que ya está pasando.
No quiero dejar de perseguir cosas.
Quiero aprender a avanzar sin creer que la vida empieza cuando las alcance.
Tal vez vivir sea eso: pensar lo suficiente, actuar antes de tener todas las certezas y confiar en que, andando, los zapallos se acomodan.
El momento exacto no existe